

Ser diferente
Aunque quizás más inquietante aún que este demoníaco nacimiento, es el intento infructuoso que trata de llevar a cabo Víctor para liberarse de su presencia: una huida hacia adelante interminable, tortuosa y autodestructiva; desde negar su existencia, hasta viajar lejos o tratar de negociar una salida feliz con ella. Pero nada resulta y uno tiene la sensación de que puede que en realidad conseguir eso es algo imposible; que lo que Víctor creó aquella noche no era más que una sombra de su propia existencia, un reflejo oscuro que le perseguirá el resto de su vida y que aparecerá en los momentos más inesperados para arrebatarle todo aquello que más quiere: su familia, sus amigos, su ilusión por la vida. Pero antes de llegar a esa impresión, justo a mitad de relato, la novela da un vuelco y nos muestra esa misma realidad desde un punto de vista diferente e inesperado: el del propio monstruo, el de alguien infrahumano condenado a vivir una existencia humana, ajena.
La historia del monstruo, contada y sufrida por él mismo en primera persona, encierra todo aquello que aborrecemos como personas: el rechazo, el miedo, la soledad... Al poco de ser creado y tomar conciencia de sí mismo, lo único que se propone es ser aceptado y comprendido por el mundo al que ha sido arrojado. Pero pronto comprende que esto es algo imposible, sencillamente por su aspecto, por el hecho de ser diferente. Ésta es la verdadera razón de su tragedia y el origen de todo su sufrimiento, pues su capacidad de amar y respetar al prójimo es superior en muchos casos al de las personas que va encontrando. Y esa necesidad de amar, esas ansias de querer y sentirse parte de algo terminan por trocarse en odio, violencia y destrucción hacia todo lo que le rodea, en ansias de venganza hacia aquella persona que le dio la vida, condenándole al mismo tiempo a vivir en un infierno insoportable. Así que más que su aspecto o su imagen, es más el rechazo, la soledad y la frustración que siente en su interior lo que terminan por condenarlo a ser una bestia infernal y malvada.

Resulta curioso y sorprendente lo real que puede llegar a ser un relato fantástico como éste, que leído con interés y atención, es capaz de alumbrar muchos de los recovecos que forman ese infierno al que muchas veces preferimos volver la vista. Pero lo cierto es que nos guste o no, esa realidad esta ahí, desgraciadamente forma parte de nosotros y asomarse a las páginas de este clásico de la literatura universal permite conocerla de primera mano, como una confesión maldita susurrada al oído. Puestos a fantasear, si Emma Bovary de joven hubiese leído Frankenstein, Flaubert hubiese tenido que pensar un final menos trágico. Y es que el infierno, como dicen del Paraíso, también salva.
GONZALO FERRADA
- Periodista y profesor de literatura -
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