
Sintió un escalofrío por todo el cuerpo y se le nubló la vista. Fue incapaz de divisar a su derecha la señal de Stop que le obligaba a detenerse y, pese a dar un volantazo desesperado en el último momento, fue arrollado por otro vehículo. Inmediatamente, el claxon del coche de Eduardo inició un quejido interminable. En unos minutos dos ambulancias trasladaba a los heridos al hospital más cercano.
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