
Destaco a este joven balear, pero en realidad quiero mostrar mi admiración por ambos deportistas. Casi cinco horas ha durado este épico partido en el que, una vez más, han dado muestras de su calidad y han dejado claro que su rivalidad se basa, por encima de todo, en el respeto. Al final, casi daba igual quien venciera; los dos han hecho méritos más que suficientes. Incluso yo, que no soy precisamente un forofo del tenis, he vibrado con esta histórica final, pasada por agua, entre dos auténticos campeones dentro y fuera de la pista.
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